Historia de Terror (o casi)
La luz azulada del ordenador iluminaba la habitación. Marta, inquieta, se mordía el labio mientras daba vueltas de un lado a otro.
De repente un fuerte ruido inundó el dormitorio. ¡Por fin! Ése debía de ser Jesús. Tenía que hablar con él con urgencia.
Se sentó en la silla, y al instante comenzó a escuchar un ruido en algún rincón no identificado de la casa. ¿Las llaves en la cerradura?. No; no parecía que acabara de llegar algún familiar. Se levantó y encendió la luz, sólo para disipar los nervios.
Se volvió a sentar y continuó su conversación. Al golpear las teclas hacían más ruido aún que de costumbre. ¿Demasiada fuerza?
Volvió a escribir. Esta vez percibió claramente el origen del ruido. No eran solo las teclas de su ordenador. En el piso de abajo continuaba el extraño sonido.
Sus nervios, hoy alterados tras diversos problemas con diversas personas, no aguantaban más. Buscó la única respuesta plausible al ruido: el perro. Probablemente estaba dando golpes a la puerta con la cola; quizá jugando. Era el problema de los cachorros. Demasiada energía sin gastar.
Sin salir del dormitorio -bastantes problemas tenía, como para enfrentarse al oscuro pasillo; nunca había soportado la completa oscuridad- llamó al can. Éste no acudió. Volvió a gritar su nombre, esta vez realmente asustada. ¿Y si había alguien abajo y..?
¡¡Por favor!!, ¡qué estupidez!. El perro estaba dormido, o ignoraba su llamada. O.. se había quedado encerrado en el cuarto de su hermano, pensó sonriendo, al escuchar los gemidos del perro en la habitación contigua.
Aún algo temblorosa, abrió al animal, y le llevó con ella frente al ordenador. Cerró la puerta para evitar que se escapase: no quería que volviera a hacer ruidos que la llevaran a pensar cosas raras. Ya tenía suficientes cosas en las que pensar, gracias.
Media hora más tarde, algún sonido ajeno a la habitación volvió a captar su atención. Antes de que hubiese podido dar una explicación al ruido el perro ladró.
Cogió su bolso de la cama, sacó un cigarro. Hoy le daba igual que su madre notase el olor a Malboro pegado a su cuerpo.
El perro no callaba.
El ruido.., ¿quién sabe?, oculto tras los ladridos, bien podía continuar.
¿Un paso al otro lado de la puerta?
Durante un segundo el can se quedó inmóvil.
¿Otro paso?
Estaba ella sola en casa; estaba segura.
O casi.
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Pasos en el pasillo, sí. Hacía ya unos minutos que los escuchaba. Quería apagar la luz para pasar desapercibida ante lo que fuese que paseara frente a su cuarto, pero no se atrevía, por si aquél decidía actuar. Quería dejar de pensar cosas raras, pero no se atrevía, por si eran ciertas. Quería llamar desde el móvil a su madre y pedirle que regresara, pero no se atrevía a hacer ruido. Quería asomarse por la ventana para comprobar si el coche de sus padres se acercaba; pero no podía vigilar puerta y ventana a la vez.
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¿Había sido aquello un golpe en la pared de enfrente?
Si.
No.
¿Quizá?
¿Debía ir a mirar?
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Sin hacer demasiado ruido tecleó unas pocas palabras a algunos de sus contactos. Rogó a unos amigos que se acercaran a su casa, a hacerle compañía, quizá a dar una vuelta y tomar algo, en lo que sus padres se decidían a regresar; nadie tenía ganas.
El ruido se repitió.
Spr 1 mmnt, vy a mrr 1a csa. Las prisas, los nervios, hicieron de su última frase un verdadero jeroglífico. Tk, t llm lgo.
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No imitó ninguna de las películas que solía ver. Coger un "arma" para defenderse, marcar el número de emergencias al tiempo de abrir la puerta. Ya había suficientes adolescentes estúpidos en las películas norteamericanas como para sumarse ella misma y crear la suya en la vida real. No había motivos para llamar a "Emergencias" y hacer el ridículo explicando que su emergencia era haberse dejado alguna ventana abierta.
Tiró de la puerta. No se abrió. ¿Estaría alguien allí fuera intentando que no puediera salir?, ¿para qué?, ¿quería prender fuero a la casa, con ella dentro?, ¿quería torturarla?, ¿matarla de miedo..?
Era el cerrojo. No se le había ocurrido quitarlo.
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Abrió la puerta. Y se encontró frente a las peores visiones que jamás habían cruzado ante sus ojos. El horror llenó su mente al ver, al otro lado del pasillo, a la Pantoja. Su horrible maquillaje.., su horrible vestuario..
No soportó la visión. Sin preguntarse siquiera cómo había entrado, salió corriendo. Abrió la ventana. Dejó de respirar al tocar su cabeza el suelo.
¿Las explicaciones? Estaba loca. Deprimida. Se llegó a escuchar de todo. Los que supieron de los problemas que tuvo durante aquel día encontraron en ellos la causa del estrés que le llevó al suicidio. Pero pocos llegaron a conocer que la verdadera causa de su muerte era una desafortunada visita de la Pantoja. Desde entonces hay leyendas que dicen que, si te conectas al MSN en una habitación a oscuras y repites tres veces "Estafa de Marbella" se te aparecerá Marta y te tirará por la ventana, en venganza por lo que en su día le hizo la pareja de Julián Muñoz.






Kike dijo
QUE MIEDO!
ostia! q aunq parezca raro me lo e leido entero!, me merezco un premio..
la verdad esq la historia esta bien.. pero cuando e leido lo de la pantoja ¬¬ madre mia, como una puta cabra estas
esta noxe comprobare si eso q dices es cierto... y ademas caer desde un noveno en plena noxe x una tal Marta q vio a la novia de Isabel Pantoja es un honor
enfin.. q no estoy ingenioso y tampoko kiero pensar otro final pa la historia.., algun dia lo hare (kien dice algun dia dice nunka..) y x cierto, e estao viendo la peli "El número 23" ese si es un paranoico y no yo xD
adióS Anaiss!!
1 Noviembre 2007 | 02:47 PM